Un día en la misión

Pi, pi, pi, es el sonido que interrumpe el sueño de la noche a la seis y cuarto de la mañana, anunciando un nuevo día. No tardara en sonar el hinno del Barça, el despertador del azulgrana que vive al otro lado de mi pared: Miguel Ángel Miranda. Aunque es del Barcelona se siente plenamente riojano, pues en Arnedo nació, vivió en Calahorra y ha ido desempeñando su labor de cura en nuestra diócesis en varios de nuestros pueblos. Llegó a la misión en el año 2002. Y si hablamos de aficionados al fútbol hablemos de otro, aunque ciertamente menos forofo que este anterior. A este la afición le viene de un sobrino y a un equipo que este año parece que por el momento tiene algo a que aspirar. El equipo es el Osasuna y el aficionado es Juan Pablo López Mendía, el veterano de la misión, pues lleva aquí ya para los diez años. Es el primero que abre la puerta de su cuarto y para eso de las seis y veinte minutos ya está dando guerra, o haciendo la guerra al nuevo día. Tras este pitido, el himno del Barça, voy percibiendo, más allá de mi ventana, el ruido de cada mañana, aquí en Fô-Buré. Hoy es día 21 de marzo, día de la primavera.

Tras correr las cortinas de mi cuarto, a pocos metros, veo a los vecinos que también se han levantado ya. He podido ver a Emanuel, a Isidor y a papá Bonifase, que raro es que a estas horas esté danzando y no arañe un poco más de tiempo a este nuevo amanecer. Mientras me aseo oigo las voces de estos y otros vecinos y de un modo especial el trajinar de las mujeres en sus múltiples tareas del hogar y de llevar el sustento a sus innumerables niños.

Camino de la capilla para la celebración de la eucaristía me junto con mama Rouse. Es una mujer que vive muy cercana a la misión, no solo por la proximidad de su casa, sino también por ser unas de las primeras cristianas aquí en Fô Bouré. Nuestro caminar es silencioso, solo es interrumpido con el saludo de la mañana, y nuestros pasos nos avanzan hasta la iglesia.

Cerca de la puerta de la capilla nos encontramos con una bicicleta, es la bicicleta de Bebeto, un catequista que todas las mañanas se acerca a la celebración de la eucaristía para leer las lecturas y animar con el canto la celebración. Al abrir la puerta vemos en el primer banco a Bebeto, preparando los cantos, un banco más a tras a Miguel Ángel, y en el último banco a Juan Pablo, sin duda todos ocupando su sitio preferido en esta pequeña capilla.

A la celebración se suman la comunidad de religiosas. Son de una orden beninesa y viven a unos 400 metros de la misión a la entrada del pueblo. Es una comunidad pequeña, compuesta por sor Julia, Sor Rouse y sor Lucile, aunque su congregación es muy numerosa y trabajan por todo el Benin. Se suman a la celebración otras personas, no muchas, ni siempre las mismas, día tras día van variando las caras.

 

Hoy la celebración ha sido especial, es la segunda que celebro en Bariba, lengua de esta zona del Benin. No han sido pocos los sudores para celebrarla. Los sonidos de esta lengua, si los cogemos por separado, no son difíciles de pronunciar, lo difícil es unir sonido con sonido e ir componiendo las palabras, las frases, y digo componer sonidos pues saber exactamente lo que se dice es otro cantar, u otro decir, venga  aquí el caso. Me ha servido de aliento que mama Rouse, Migue Ángel y los presentes en la celebración me hayan felicitado al finalizarla. También faltaría si  no os diría que tras la felicitación les haya apuntillado estas palabras: “Pero ¡que fe tenéis!”.

Con estas últimas palabras el desayuno se ha alargado más de lo normal. Ha sido un momento donde Miguel Ángel ha ido recorriendo sus primeras celebraciones y experiencias que durante estos años ha ido acumulando. Aún parecen resonar en mis oídos sus palabras: “ahora después de varios años llego a entender o comprendo muchas cosas que he dicho durante tiempo, y ahora puedo entenderme con medias palabras con esta gente”. Será esta la dinámica y la escuela que nos espera, “y así ha de ser”, apostilla Miguel Ángel. Y parece que la dinámica no se hará esperar. Son muchos pueblos que atender, veintiséis, en  muchos ya hay comunidades de bautizados y la demanda de la presencia del cura es cada vez mayor. Estamos en tiempo de cuaresma y durante este tiempo las distintas comunidades, donde hay bautizados, hay celebración de la penitencia sin olvidar las actividades propias de la parroquia que siguen su curso normal. Otras palabras de Juan Pablo resuenan en mis oídos: “date por cogido”. El prolongado desayuno parece que ha hecho también mella en nuestro cuerpo, pues nos ha costado arrancar esta mañana. Jean Paul, el cocinero, también se ha quedado un poco extrañado de nuestra tardanza; pero no le ha sobresaltado tanto como para romper la parsimonia en sus quehaceres.

 

Esta mañana hemos ultimado los posibles cambios en el montaje de proyección que acompaña a la exposición que Juan Pablo hará en Madrid el próximo 31 de marzo para el Foro de Manos Unidas, sobre el programa que aquí, en la diócesis de N’Dali, se realiza con la mujeres, en busca de una mejor formación de ellas para que repercuta en el bien de sus familias y hogares. Cierto que esto lo hemos solucionado rápido y decidimos ir a ver las obras de la nueva capilla en el pueblo de Kokabo,  a unos 15 Kilómetros de la misión. A nuestra llegada al pueblo nos encontramos con el albañil y su peón y unos cuantos miembros de la comunidad que le van ayudando y “cizañando” para que termine pronto, y así poder celebrar la Pascua en la nueva capilla. Dudamos que sea posible; pero comprendemos la ilusión de los miembros de la comunidad para celebrar la Pascua en la nueva capilla. También nosotros hemos animado a nuestro amigo Gastón, el albañil, a que ponga más empeño en estos días. Esta obra es una de las que están en marcha y en el tintero hay unas cuantas, sobre todo de esta índole: nueva construcción o ampliación de capillas, ya que las comunidades van creciendo. Esta es una labor que nos quita bastantes fuerzas, pues no sólo es el hecho de estar pendiente de hacerlas, sino de procurar los materiales necesarios para construcción: cemento, hierros de forjado, toles para los tejados, maderas para vigas, puntas, puertas… No son pocos los viajes y kilómetros (¡y que kilómetro!) con “las toyotas” hasta los topes con todo lo necesario para la construcción.

Nuestra estancia en Kokabo revisando un poco la obra no se ha alargado. Al regreso hemos estado un poco con los peeles y gandos que están en su curso intensivo de alfabetización. Cualquier país africano se caracteriza por el sin fin de etnias que tiene. Aquí en el norte de Benin nos encontramos con tres etnias mayoritarias: bariba,  peel y gando. La peel y la gando tienen una lengua común: el funfulde y sobre esta lengua es la sesión de alfabetización que se está celebrando en las instalaciones de la misión durante un mes. Los participantes son de toda la diócesis de N’Dali, diócesis a la que pertenece la misión, y el curso lo imparte un catequista liberado por la diócesis de la etnia peel, nuestro simpático David.

Hemos comprobado su cansancio y les hemos animado diciéndoles que les restan pocos días para finalizar la sesión; pero he de ser sincero, en nuestro interior también deseámos el final de la sesión, para descansar ya alguna noche del sonido del tan-tan inoportuno que muchas de las noches se oye acompañando el canto de los amistosamente llamados entre nosotros “los peelehundi”.

Entre una cosa y otra nos llego la hora de comer, y hoy ciertamente que ha sido una sorpresa la que Jean Paul nos ha preparado. Ha rescatado de nuestro magnifico congelador “a petróleo” una bolsa, que sin fecha, contenía unos trozos de carne que ha condimentado.

Es normal que durante las horas de las comidas del día se pasen varias personas a demandar cualquier cosa: “sí van hoy al poblado de Siki, ¿podrían llevarme, que hoy voy a visitar a mi hermana que ha dado a luz?” esta es una petición, pero como ésta: parecidas y constantes.

Después de la comida, algo que se hace imprescindible: el cigarrillo. No es que a estas alturas haya comenzado a fumar, es simplemente el acompañar a Miguel Ángel en su “toma de la tarde”. Mientras él fuma charlamos de lo más trivial o simplemente comentamos los juegos de Kaki, Koka y Sinflu. Estos son los tres jóvenes de la misión que nos hacen constantemente compañía, son nuestros gatos, que celosamente cuidamos y vigilamos ya que nos los han pedido y no sabemos con que intención.

Y del cigarrillo a la siesta. Tampoco era yo muy aficionado al deporte nacional, pero el ritmo del día, el calor de más de 30 grados, inpone este descanso, que si no de pleno cumplimiento como decía Cela “con pijama, Padre nuestro y orinal”, sí por lo menos de estar tumbado y descansando, para afrontar mejor el resto del día.

Las tardes se llenan más de actividades parroquiales: las catequesis, por los pueblos y en otros la celebración de la eucaristía. Los poblados que atendemos la misión son comunidades de primera evangelización, unas llevan más de 20 años y han logrado consolidar ya la comunidad que poco a poco va aumentando en número y en actividades. Unas comunidades tienen bautizados  y estas demandan la presencia del sacerdote  con mayor frecuencia  para la celebración de los sacramentos y acompañar más de cerca la marcha de la comunidad. Otras están en proceso de catecumenado asistiendo a las catequesis, en un ritmo semanal o quincenal, y durante este catecumenado van realizando las etapas cuyo fin es el bautismo y sin duda el cimiento de una futura comunidad y por así decirlo con todos los derechos.

Hoy concretamente ha tocado ir a Bukuro y Diadia. Es normal que cuando llegamos a los poblados a los primeros que encontremos sean al presidente de la comunidad y al catequista. Entre ellos mantienen la vida de la comunidad en el pueblo y son la via de comunicación y de organización con la misión, sin duda la labor de estas personas se hace indispensable y su entrega y constancia en casi todos los casos es de ejemplo a resaltar.

Bukuro y Diadia son dos comunidades que aún no tienen bautizados. Al llegar a Bukuro nos hemos encontrado a la puerta de la capilla a un buen número de niños y gente adulta a la espera del comienzo de la catequesis. Nos ha sorprendido la presencia de tantos hoy, cuando en el pueblo había un cierto movimiento de gente, no sabemos si por ceremonias tradicionales o por algún otro motivo.

Mientras saludábamos a los presentes ha llegado Raquel. Es una mujer sonriente, en estado de buena esperanza, con la que hemos tomado una cierta familiaridad a lo largo del mes pasado que estuvo en la misión haciendo el mes de alfabetización con un pequeño grupo de mujeres y jóvenes. Ella nos ha dicho que el movimiento en el pueblo se debía a la presencia de las mujeres fetiches en busca de una nueva componente. La catequesis comienza a su hora, la dirige el catequista de la comunidad, el tema de hoy es: ¿quién es Jesús?. Tras recordar lo visto en la sesión anterior el tema se va desarrollando, el catequista va dando el tema haciendo intervenir a los asistentes, los hombres a la izquierda de la capilla y las mujeres y los niños a la derecha. Mientras los minutos y la catequesis avanzan los niños más pequeños van tomando sobre el suelo una más cómoda posición dejándose vencer por el sueño. Un sueño que se ve interrumpido con el canto final de la catequesis.

Y de Bukuro, a Diadia a seguir con nuestra jornada. Allí el primero que nos ha saludado es un hombre de la comunidad, que ha venido por avisarnos que no estará en la catequesis ya que acaba de morir su padre. Es evidente que nosotros le hemos excusado y en el cuadernos de asistencia a la catequesis hemos apuntado su ausencia como justificada. El cuaderno de asistencia es el pequeño cuaderno de bitácora de cada comunidad, donde se van anotando las incidencias de la comunidad sus problemas y soluciones la marcha en definitiva de lo que  va ocurriendo en la vida y formación de esta.  La asistencia de los no bautizados en la catequesis se ve como fundamental, así como la práctica de la oración y de la caridad, los tres pilares que han de vivir para poder recibir  el bautismo en edad adulta. La asistencia en Diadia es menor. Es una comunidad con bastantes vaivenes y nos termina de dar el paso al bautismo.

Con todo nos han dado casi las ocho de la noche, hemos de ponernos en ruta camino de casa. La noche ya se ha echado desde hace una hora y el regreso por la noche siempre se hace más cautelosamente y con los cinco sentidos para detectar en la carretera a los viandantes, coches, motos y camiones que en muchos de los casos circulan a la luz que la luna les brinda.  A los pocos metros de la misión vemos la luz de la capilla encendida. La comunidad de Fô-Bouré hace la oración de cuaresma, de todos los día. Guardado el coche reponemos fuerzas con un trago de agua y esperamos a que finalice la oración antes de ponernos a cenar. La oración ha terminado y los vecinos pasan a saludarnos: “Bese ka wueru” (vosotros con la llegada), “Besen ka kanaru” (nosotros con la oración), “ka yoka” (buenas tardes), o simplemente “foo” (hola).

Mientras la cena, ha llegado una moto, la conduce un hombre un miembro de la comunidad de Gorobani y detrás va una mujer con un niño recién nacido. Nos explica que el niño ha perdido a la madre cuando dio a luz el día pasado y que la mujer que le acompaña es la que se ha hecho cargo del niño, es la hermana del padre de la criatura. Han ido al dispensario-centro nutricional de las hermanas; pero ya es tarde y está cerrado. Han estado llamando pero no les oyen para poderles atender. Sería inútil bajar a avisar a las hermanas ya que no oirían a no ser de saltar la valla y llamar a la puerta de la clausura, por lo tanto hemos de dar una solución hasta mañana. Al hombre le hemos mandado al poblado para que traiga todo lo necesario para que la mujer pase unos días en casa de las hermanas hasta que estas estabilicen al crío y lo hagan salir adelante. A la mujer y al crío los hemos acomodado en una de las habitaciones de invitados y hemos pedido a Martina, una mujer que dio a luz escasos unos diez días, que dé de mamar al infortunado niño. Parece que hay buenas esperanzas para que este problema venido ya de noche. Juan Pablo ha hablado con la mujer que ha traído al niño y le ha sugerido que ha de hacerse cargo de él, que si no morirá. La mujer está  decidida en hacerse cargo del niño, además que desde hace tiempo decidió dejar al marido porque no se entendían y sus hijos ya  casi los tenía criados, que ella misma le daría el pecho. Y esta fue nuestra discusión de la noche: “¿cómo esta mujer le podría dar de mamar si no lo había parido?” . Y en medio de nuestra discusión y nuestras conjeturas: remedios de viejas para sembrar esperanza a la situación. Se me ocurre decir: “hay que darle cerveza a la mujer, he oído que con eso sube la leche a las recién paridas” a lo que Miguel Ángel responde: “pues le damos cerveza, que mal no le hará y a esperar se ha dicho”.

Y con esta conversación el cigarrillo de Miguel Ángel daba a su fin, esfumándose así un nuevo día, el día de la primavera, el día de la vida, un día en la misión.

 

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