África es agua y es generosidad


El agua que gota a gota, ha ido encontrando en el pantano recién construido, un lugar donde reposarse; y la generosidad de los brazos firmes y los pies descalzos que la llevan sin descanso a la tierra alimentada con las semillas del tombó deseoso de germinar.

El agua que se va por todos los poros en el camino a la piedra de Buka, desde donde se contempla la inmensa belleza de esta tierra; y la generosidad de los misioneros de la SMA, llenos de inquietudes y proyectos que comparten con nosotros bajo el alivio de las grandes ramas del mango.

El agua que se derrama sobre las cabezas de los recién bautizados en la Pascua, sobre la tumba del que se ha marchado, sobre el corazón del joven que se ordena diácono; y la generosidad de las ofrendas que ayudarán al vecino, al hermano, a la viuda.

La generosidad de la gran familia de Natitingou, con el corazón desbordado de ideas y las manos llenas de trabajo; y el agua del Padre, que anima a que todo florezca.

El agua que al fin llega, anunciada por el viento impetuoso del Benín; y la generosidad del encuentro que nos refugia en el apatán, al abrigo del tambor africano, de la guitarra, del canto y del baile agradecidos.

La generosidad de las personas que llaman a la vida en cada recoveco del hospital de la Tanguetá; y el agua con sirope que refresca y alivia el alma del sentimiento de injusticia e impotencia.

El agua que se escapa de las tuberías con la complicidad de la noche; y la generosidad del cubo lleno que alguien deja en la puerta, con la primera luz de la mañana.

El agua, una vez más, de la tormenta, que entra por los costrales de la capilla y cala el suelo y los bancos, y transforma el mirar en mirada asustada; y la generosidad del aire cálido, que en unos instantes devuelve la calma y la alegría.

El agua que chapotean los niños, en los charcos cercanos a la misión; y la generosidad de los que me acogen, con la compañía cercana, el cuidado sencillo y la conversación a veces honda, a veces trivial, de la sobremesa.

Porque eres África, el agua que todo lo renueva, y la generosidad que hace grande lo pequeño; será por eso que la vida, me invita a aprender de ti.

Beatríz Pérez del Notario

(Visitó la misión de Fô Bouré en el mes de abril y nos ha dejado esta crónica)

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